La responsabilidad de educar
La responsabilidad de educar
Aun con los cambios que día tras día se suceden entorno a la educación, no cabe duda que la realidad del sistema educativo es una herencia que evoluciona, hacia caminos insospechados, desde la Constitución hasta el presente. No muy lejos queda la llegada del derecho a una educación obligatoria y gratuita, y con el un intento de universalización de la educación por parte del Estado. He aquí donde comienza el problema que hoy se nos plantea, originado por un intento desesperado, sin medios para conseguirlo, de escolarizar a los niños a base de talonario mediante los nuevos centros de enseñanza concertados. Hoy vivimos lo mismo adaptado al tiempo en el que nos encontramos, puesto que el debate educativo a veces se refleja tan sólo en la cáscara, en las consecuencias, y no en el verdadero fruto del que emanan los problemas.
Como entonces, allá mientras se instauraba la democracia en el país, el Estado no es capaz de solventar los problemas derivados de la evolución plausible de la educación, y no por sus propios errores, sino por la falta de ideas para afrontar la correcta organización de un sistema educativo que se sitúa a la cola de Europa, en el que la violencia e intolerancia dejan más huella que la misma enseñanza.
La moralidad parece ser el centro del interés que se refleja en el sistema, por encima de la verdadera necesidad para la que esta elaborado, enseñar para que quienes representan nuestro futuro, alcancen la elección de sus derechos y obligaciones, con una mayor información de estos derechos para el ciudadano, donde pueda refugiarse para fortalecer la unión entre la labor del sistema educacional y la suya propia dentro del mismo.
La violencia en las aulas entre los mismos alumnos o contra los profesores; el derecho a la intimidad redimido por las nuevas tecnologías; los conflictos raciales, étnicos, o religiosos entre el alumnado, agresiones de padres al docente. Todo ello representa la necesidad urgente de plantear que parte del sistema educativo español esta fallando, y para ello hay que sumergirse en los hechos hasta alcanzar su detonante, que en este caso, se entrama en un largo proceso educativo que se remonta años atrás.

