El precio de la Cultura
El precio de la cultura
¿He de pagar un canon a otro autor por poder guardar mi propia obra en un soporte? Esta es la pregunta que muchos ciudadanos nos realizamos a la hora de comprar, ya no sólo un CD de música o un DVD, si no hasta con un aparato informático, cuando el verdadero objetivo, nuestra sincera necesidad, no es otra que la de hacer uso de las nuevas tecnologías en beneficio personal. Y con ello no pretendo trasladar un sentimiento egoísta que surja de la incomprensión de los Sgaeños hacia la verdadera libertad sobre la propiedad intelectual, tan sólo busco hallar la frontera que delimita esta autonomía de los derechos que reclaman dichos artistas.
He aquí el gran dilema, ¿he de amortizar a poetas por escribir en el papel donde ellos obraron su arte? Puede que no, y si que entiendo que lo hiciese si con ese papel copiara el ardua labor de otro ser humano. Pero no es esto aquello que se comenta en librerías, ni en las tiendas de electrónica o informática, es la ampliación prevista sobre otros medios de uso cotidiano para la inmensa mayoría, aparatos que con su venta contribuirán al beneficio económico de otros, aunque nuestra intención no llegue más lejos que la de tener una memoria portátil para transportar la creación que hemos elaborado nosotros mismos.
Sin ir más lejos, posiblemente escriba este artículo y lo grabaré en el Pendrive para poder llevarlo a la redacción, pero si hubiera pagado un canon a la SGAE por mi soporte, cualquier cantante socio percibiría algo de mi propio dinero cuando yo estoy usándolo para guardar mi propia obra. La lucha contra la piratería no representa esto, pues sería más fácil no obviar el centro de esta diana ilegal y acecharle con puntería, pero con una artillería dirigida como dardos señores, y no disparando con la escopeta de la actual política que lanza leyes como perdigones, pudiendo acertar en el centro, pero dañando al resto de números de este tablero de propiedades.
Es por esto, que no pretendo en absoluto infravalorar la labor de los autores, y mucho menos despreciarla, para nada, pero si los actos de quienes llevan bandera negra son perseguidos por la justicia, que no influyan en el resto de embarcaciones tales acciones justicieras, haciéndonos libres de navegar sin piratas, pero también sin opresiones.




