La puerta del Amor
Hubo una vez que ahogado en el miedo no tuve otra opción que cerrar la puerta del amor. Aquel día deje salir por la puerta a la única persona a la que en un momento de mi vida se la llegué a abrir, y tras ella me encargué de poner un gran cerrojo que tan sólo se podía abrir desde dentro, pero ni mucho menos escondí la llave. No pude hacerlo.
La solución que encontré fue dejarla puesta desde dentro, de tal forma que solo yo podía abrirla y volver a dejar pasar algún sentimiento de nuevo. Pero parece que todo ha cambiado. Me olvidé de la ventana de la locura.
Por esa ventana veía el amor que se encontraba fuera de mi, que paseaba en mi exterior mirando a veces por mi ventana de la locura. A veces sentía temor cuando se asomaba demasiado, otras ilusión, y otras ni me fijaba. Pero esa ventana parece que se ha ido agrandando con el paso del tiempo, mientras observo como la llave sigue cerrando la puerta por la que un día entró en mi la felicidad.
Nunca pensé que el amor fuese tan listo e intentase colarse por mi ventana.....¡era la ventana de la locura! Ni se me pasó por la cabeza que llegará un día en el que, estando desprevenido, entrara el amor habiendo pactado antes con la locura. Pero esto no fue lo más importante. No se lo pensó dos veces y nada más atravesar la ventana no vino hacia mi, sino que fue hacia su puerta que tanto tiempo se había mantenido cerrada, para girar lentamente la llave mientras yo lo observaba paralizado en mi asombro. Tras abrir su puerta, se marchó ,y desde entonces aun no sé donde se encuentra la llave.
Hoy ya no me preocupo por tener cerrada la puerta del amor, pues prefiero estar pendiente de la ventana por la que un día volvió a entrar el amor acompañado de la locura, quién me enseñó que por mucho que intentemos a veces esconder nuestros sentimientos detrás de una puerta, siempré habrá una ventana abierta que nos mostrará de nuevo tanto que nos podemos perder en la vida. Es, por tanto, que la locura ha sido y será siempre la mejor compañera del amor sin lugar a duda.









